Córdoba – Lituania en Autogiro


De Córdoba a Lituania en Autogiro
14 al 18 de Junio de 2008
Piloto: Daniel del Rosario Vega

cordoba lituania autogiro

Córdoba-Lituania en autogiro

 

-“Dani, hola, te recuerdo que el festival aéreo y el campeonato de acrobacia “Vytas Lapenas” se celebran del 21 al 23 de Junio en Rojunai, Lituania”

-“Ok Aurimas, iré tal como te prometí hace meses, miraré disponibilidad de vuelos en Internet”

-“¿Y qué te parecería venir volando… en autogiro”

Con una conversación parecida empezó a gestarse la pequeña aventura que realicé desde el Sábado 14 al Miércoles 18 de Junio de 2008. Mi amigo Aurimas me propuso volar su nuevo autogiro ELA desde la fábrica del mismo ,en Córdoba, hasta el hogar de Aurimas, el aeródromo Rojunai (EYRO) en Lituania. -¿Y por qué no?, pensé. Al fin y al cabo es un aparato robusto y son menos horas que las que vuelo en escuela normalmente al mes, eso sí, apretadas en pocos días y en zonas donde nunca he estado. Bueno, lo más importante era planificar los pasos por zonas aéreas y los aeródromos que se hallen por el camino.

Tuve un margen de un mes desde la llamada hasta la fecha del viaje, pero según iba quedando menos tiempo, menos posibilidades había de que se gestase el vuelo. La matriculación se ralentizaba mucho, y la última semana habíamos casi dejado de lado la idea. Entonces comenzó la verdadera aventura: “Dani que sí, que no, que sí, que no,…. Que SÍ”. Después de dos locos días en que las cosas se arreglaban y después se torcían, el Jueves 12 a las 4 de la tarde me confirma Irma desde Lituania que hay vía libre con los papeles.

Qué bien, que relax …, en un día y medio tengo que arreglar todo, terminar cosas pendientes,  para salir volando desde Gran Canaria a Madrid, coger un AVE de Madrid a Córdoba, de Córdoba en coche a Fuenteobejuna y salir pitando en el autogiro hacia Lituania. No hay problema, la cuestión es que el Sábado a las 11:30 estaba en la fábrica de autogiros ELA, y después de arreglar algunos pequeños detalles con el depósito auxiliar y buscar sitio en el autogiro para dos bolsas de viaje, una mochila, saco de dormir (por si acaso), fundas del autogiro, herramientas, etc, todo estaba listo para partir. Era gracioso ver las caras de la gente allí, sobre todo la de Emilio, el gerente de la empresa, porque todavía no se terminaban de creer que estuviera embarcado en ese viaje. Me despedí de ellos e inicié la  primera etapa hacia Camarenilla, Toledo.

viaje en autogiro

Fuenteobejuna, Córdoba

 

Es curioso (y predecible) que todos los nervios del día y medio corriendo anterior se pasaron en el momento del viraje ascendente poniendo rumbo a Toledo. Ya estaba allí, volando hacia Lituania, ansioso de ver los paisajes y gentes que iba a encontrar por el camino. Eran las 13:17 horas, el tiempo era caluroso y estable. Disfruté de la vista de los pueblos de la zona, la sierra de Ciudad Real, el parque nacional de Cabañeros, la sierra de Toledo… Después de algo más de dos horas aterricé en el campo de ULM de Camarenilla, lugar especial para mi ya que ahí me examiné de piloto e instructor de ULM con los magníficos Juan Socias y Pedro Nogueroles, creadores de frases solemnes como “La mejor hélice, el cacho-palo”, entiendase, la bipala de madera. Fui afortunado de estar allí ya que se celebraba la fiesta de despedida de Juan, que cambiaba su residencia a Mallorca. Después de saludar a amigos que hacía tiempo no veía y comer unos trozos de cordero asado, puse rumbo a Villanueva de Gallego, en Zaragoza.

Canaire europa

Con Kike y Juan Sócias en Camarenilla

 

Otra vez en el aire, y después de librar el espacio aéreo de Barajas por el Sureste decidí ir de un tirón a Villanueva de Gállego. Otras dos veces que he hecho ese trayecto había parado en Sigüenza, Guadalajara, buen campo y mejor gente, pero el tiempo era justo. Siempre me ha gustado mucho la zona de Guadalajara para volar, ya que combina llanuras con largas hendiduras a modo de cañones de color grisáceo en el terreno.

 

Después de dejar la central nuclear de Trillo al este, empezó una de los dos momentos peores de todo el viaje, y seguro que no era por radioactividad. Simplemente todo el ajetreo de los dos días anteriores y las pocas horas de sueño, unidos al zumbido grave del motor durante horas pasaban factura. La sensación era simplemente falta de visión global, notas que no enfocas fácilmente, y los cálculos que haces con solo un golpe de vista en condiciones normales te cuestan mucho más tiempo. Como faltaba poco más de una hora para el destino, me lavé un par de veces la cara, comí un par de chocolatinas energéticas y después de un rato ya empezaba a recuperar energías. Atardecer, los paisajes de granito de Calatayud, su sierra, y en 20 minutos ya estaba abrazando a mi gran mentor y amigo Antonio Ruata. Mi andadura en ultraligeros hubiese sido mucho más difícil o imposible sin su paciencia y ayuda. Recogimos los bártulos con ayuda de Inmenso, otro gran amigo maño, pasta de cena y a la camita a descansar.

 

aventura canaire

Calatayud

 

Domingo 15, 8:00. Fresquito matinal, me despedí de Antonio y Esther, su mujer, y me quedé en el campo de vuelo preparando, revisando, etc. Con un buen vientito ayudando en cola llegué en 50 minutos a Lumbier. Allí estuve con Raúl, el instructor de autogiros de la zona, el cual me echó una buena mano planificando el salto a Francia. Tal como me aconsejó crucé los Pirineos por Roncesvalles. ¡Qué paisajes! Cruzas una montaña a cien metros de la cima y en segundos tienes un desnivel al siguiente valle de 600 metros. En una cabina cerrada puede que no resulte chocante, pero cuando vas “como una bruja en su escoba” como me dijo alguien hace años en Lanzarote… impresionante.

Canaire autogiro pirineo

Pirineo Navarro

 

Media hora después, ya en Francia rodeé el espacio aéreo militar de las Landas, y cuando me disponía a llegar al campo de ultraligeros de Montpezat, con la vejiga como un balón de fútbol,… no lo encontré. Qué bien, la lluvia amenazando 10 km detrás de mí, cansado, … no hay problema. Hay un botón mágico que pone NRST (“Más Cercano”) en el GPS para estos casos. Pues el más cercano en mi rumbo noreste era Floudes, La Réole. Es una inmensa pista de hierba donde hay actividad paracaidista, de ULM y de aeromodelistas. Fueron muy hospitalarios. Gente jovial, deportistas aéreos,  me llevaron a la gasolinera a por repostaje, me dieron también repostaje para mi tripa y un ordenador con internet para verificar mis siguientes destinos. Descansé tres horas para ver si se abría el cielo y no lo hizo. La lluvia no era muy fuerte y no era obstáculo. Despegué a las 17:30 en medio de lluvia y no parecía que mejorase.

En el camino noreste me dí cuenta que tuve suerte al haber elegido la ruta Occidental de Francia y no la Oriental, porque allí hubo mal tiempo real en dos días que me hubiese obligado a estar en tierra al menos uno. Después de hora y media me encontré en mi rumbo y a 50 km con la Marimorena.  Así se podría llamar al nubarrón que se estaba formando delante de mi, que iba cogiendo forma de ola gigantesca en el horizonte. Mientras me iba acercando vi que no iba a afectar mi ruta dado que no rompía a llover en ninguna zona y confiando algo en mi intuición (llámese también “Por mis coj—- que yo la cruzo”. En cambio me preocupaban más pequeñas condensaciones que iban aumentando a mi altura a lo largo del camino. Eso quería decir que si bajaba un par de graditos la temperatura se me iba a cerrar el camino, por lo cual tuve en mente una ruta alternativa. No obstante todo fue bien.

 

Crucé el nubarrón por debajo y con un margen de no más de 100 metros de la base de la tormenta a los pinares, llegué al aeródromo de Saint Laurent. Perecía que antes de llegar yo se disparó la alarma nuclear. Ni Blas había por allí. Hice llamadas infructuosas a unos cuantos teléfonos que había escritos en la puerta del hangar sin éxito. Ya me veía sacando el saco de dormir y cenando barritas energéticas. Por suerte vi a 500 metros un aeromodelo volando. Campo a través fui en su dirección a lo Nacional Geographic, zapatillas embarradas incluidas. Unos chicos muy amables me pusieron en contacto con Jacques, el gerente del aeródromo el cual vino al rato, me hizo sitio en el hangar para el autogiro y me buscó hotel. Recuerdo la diversidad de quesos que tomé en la cena… mmmmm… estos franceses son maestros del queso.

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Jaques de Saint Laurent

 

Ya es Lunes 16 de Junio y tengo como objetivo dormir en Alemania. Jacques me recogió en el Hotel, me llevó a la gasolinera a coger líquido propulsor y despegué con varios campos cercanos a la ruta. El plan era aterrizar o pasar de largo dependiendo de cual fuera el estado del piloto: mejillas rosadas, respiración estable, seguir volando; tez blanquecina, ojos ensangrentados y espasmos, aterrizar. Con buena cara llegué a Forchambault, un aeródromo de asfalto bastante majo, si no fuera por lo estirado que eran los de la torre. Además de trato=0 te cobraban mas de 8 € por aterrizar. Si no llega a ser por unos majos pilotos de ULM que me llevaron a repostar y me echaron una mano le pondría una cruz en el mapa. Antes de despegar, y ya que los de la torre se comportaban como si estuviesen en el JFK de New York y me daban el trato de un abejorro descerebrado, seguí todo el procedimiento de comunicaciones para el despegue de un aeropuerto internacional, obligándolos a que gastasen saliva hasta para la autorización de puesta en marcha. Qué bien me lo pasé. Es que “semos” españoles.

Rumbo Noreste como siempre, pasé sobre unos paisajes en los que se combinaban sin parar masas forestales con inmensos prados tiñendo de bicolor la lejanía. A la hora de vuelo oteando hacia los lados vi un caza militar pasando a unos 2km a mi izquierda en dirección Norte. La cuestión es que iba a mi altura, 600 pies AGL y no veía ningún pasillo militar cercano. Ya había visto días antes en páginas web de información aeronáutica francesa que cada año siempre habían incidentes entre aviones militares y civiles ya que van en visual como cualquiera y a baja cota.

A las dos horas de vuelo iba a entrar en un espacio aéreo que sólo me dejaba un margen de 60 metros desde el suelo hasta el límite superior, lo cual no era muy cómodo. Toqué otra vez el botón mágico NRST y fui a parar al aeródromo Le Chateau Brienne. Según me aproximaba a él vi que era un aeródromo militar bastante viejo… pero con pinta militar. Cotejé otra vez la información y me aparecía el aeródromo como civil. Seguí hacia el aterrizaje no sin un cierto mosqueo. Después de aterrizar me acerqué por la rodadura a la torre, pero estaba desierta y descuidada. No había nadie en  los alrededores. Yo seguía alerta y me esperaba a la Policía Militar. En cambio lo que apareció en la lejanía fue un tractorcillo por la rodadura y un tío muy campechano encima que me indicó en “franchinglish” que los pilotos estaban al final de la pista. Bueno, vale, otros mil metros rodando con el autogiro. Efectivamente había gente en el hangar, ¡y qué gente! Vaya contraste con los del aeródromo anterior. Merece mención Salvatore, un italiano afincado hacía muchos años allí, y era instructor de tres ejes, pendular y paramotor. Me llevó a la gasolinera, a comprar comida, me ayudó llamando a Control París para verificar que los espacios aéreos en mi ruta estaban desactivados a las 17:00 horas, etc. Y encima me dejó su pedazo de sofá de cuero para dormir un rato. ¿Qué más se puede pedir cuando estás recorriendo mundo nuevo y con necesidad de reponer fuerzas?

Canaire aventura

Chateau Brienne

 

Despidiéndome de Salvatore y la gente de Chateau Brienne, me volvió a la mente un sentimiento que tuve varias veces en la ruta a Lituania, y era el fastidio de no quedarme a compartir más con los pilotos y conocer algo más de cada lugar. Pero había que aprovechar al máximo el buen tiempo para comer kilómetros.

Ya en el aire otra vez, me mentalicé de que había que llegar a Alemania de un tirón. Zigzagueando volé entre algunos espacios militares, la ciudad de Thionville con la impresionante planta nuclear de Cattenom de 4 chimeneas y un cúmulo permanente formado por ellas, y entré en Alemania donde el paisaje se volvió más montañoso que los últimos 300 km. en Francia. Se sucedían montañas tupidas de arbolés y confieso que no estaba muy cómodo. El paisaje se suavizó otra vez a partir de Koblenz con el majestuoso río Rhin serpenteando alrededor, y en menos de una hora aterricé en Breitscheid, un cuidado aeródromo con pista de asfalto rodeada de un césped como el de los campos de golf, con unas instalaciones envidiables. Había concluido el viaje más largo de todos los que hice, tres horas y media, 381 kilómetros. Mereció la pena desviarme más de 100 km hacia el Norte dado que allí había quedado con Jochen y Petra, unos matrimonio de amigos pilotos que viven la mitad del año en Canarias y la otra en Alemania. En su casa dormí como un lirón después de una cena suave y un par de buenas tazas de té verde.

Río Rin, cerca de Koblenz

Río Rin, cerca de Koblenz

 

Autogiro Breitscheid

Con Jochen, en Breitscheid

 

Martes 17 de Junio. Esta mañana el despegue fue una despedida placentera ya que Jochen voló con su biplano Kiebitz unos kilómetros junto a mi. Mi siguiente destino era Northeim, donde estaba Martin, otro conocido mío poseedor también de un Kiebitz,. Estuve allí con él, me ayudó a ir a buscar 95 (la AVGAS vale 2,30 € en Alemania) y conversamos alrededor de su biplano con el ruido de la naturaleza de fondo, ya que este campo de hierba está rodeado de tupida arboleda. Tal como Martin me recomendó despegué hacia Stendal, desviando mi trayectoria al Norte del espacio aéreo de Berlín. Un dato curioso: después de pasar Goslar, a 35 km de Northeim, no vi NI UNA SOLA MONTAÑA hasta mi destino en Lituania. Paisaje totalmente plano durante 1100 kilómetros, algo extraño para alguien que vive en las Islas Canarias.

 

Canaire aventura

Río Ohre, con Clavörde al fondo

Era un día con muchos cúmulos y vi unos cuantos planeadores y motoplaneadores en mi camino. Cuando llegué a Stendal, otro antiguo campo militar reconvertido, tuve que hacer uso de mis mejores dotes expresivas y comunicativas ya que el Inglés allí no lo hablaba ni el de la torre de control. Hasta me la jugué al pedir algo de comer en el restaurante ya que sólo entendí “curry”. Al final lo que me preparó la cocinera fue una buena salchicha alemana con papas fritas y curry, perfecto para el camino hasta Polonia. ¡Polonia! ¡Estoy durmiendo un día en cada país! Esto va bien.

En el aire otra vez, mi siguiente destino era Szczecin Dabie, justo pasando la frontera Alemania-Polonia. Sin duda el vuelo en este atardecer fue el más “de película” del viaje. El cielo azul fuerte lleno de cúmulos como algodones y en el terreno se sucedían inmensos prados y lagos rodeados de arboleda, y en su superficie se reflejaba el cielo como un espejo. Esta zona de Alemania está tan cuidada que parece una maqueta gigante. ¡Chapeau!

Autogiro en Berlin

Berlín Oeste

 

Después de entrar en Polonia, divisé al otro lado del río Odra el aeródromo Szczecin Dabie. Es una pradera donde se entrecruzan varias pistas cuyas instalaciones se crearon en 1921. Allí conocí a Igor, magnífico piloto y persona que me permitió dejar el autogiro en el inmenso hangar junto a una Wilga y me ayudó a buscar alojamiento. Me quedé en una cabaña del camping que está enfrente del aeródromo. Recuerdo que tumbado en la cama todavía tenía el zumbido del motor en los oídos… muchas horas volando.

 

Escuela Autogiro

Szczecin Dabie

 

Ya es Miércoles, ocho de la mañana. Me dicen en la cafetería que abren en media hora y decido no esperar. Quería llegar a mi destino en Lituania con varios viajes y descansos cortos durante la jornada y el tiempo apremiaba. Preparé el autogiro y después de despegar, con rumbo y altura estables, me zampé tres barritas energéticas con agua. No es el tazón de leche con Cola-Cao que suelo tomar, pero el momento así lo exigía. La mañana comenzó lloviendo pero se disipó pronto la lluvia. En vuelo decidí (tenía varias posibilidades) ir al aeródromo Miroslawiec-Pila (a 150 km), dado que no había podido repostar en Dabie y sólo tenía combustible en el depósito principal del aparato. Por si acaso le pedí en vuelo por SMS a Irma, mi aliada en Lituania, las coordenadas del campo. Recibí también el SMS en vuelo y comparé los datos con el GPS. En estos casos es bueno confiar tener más de una fuente de datos.

Al llegar a Pila, otro antiguo e inmenso aeródromo militar, el jefe de vuelos me guió con su coche por la rodadura al hangar. Era una situación graciosa porque había que cruzar una carretera para ir a los hangares. Allí, al igual que en muchos otros aeródromos, buena gente. Me buscaron bidones para ir a repostar a una gasolinera cercana y estuvieron mientras todos los mecánicos de los aviones y planeadores alrededor del “molinillo rojo”. Una anécdota que me hace reir: cuando estaba cerrando la tapa del bidón auxiliar, iba a pasar una brida de plástico alrededor de las asas que las mantenía juntas en vuelo. Como no era un amarre esencial de seguridad, la brida la reciclaba, es decir, la abría con un poco de maña y la volvía a cerrar. Parece que esto no le gustó mucho a uno de los mecánicos (es lo que tiene la aviación) y cuando iba a recolocarlo me golpeó en el hombro y retorciendo el bigote con cara de mosqueo me dio dos bridas sin decir una palabra. Yo, calladito pero con ganas de reir se lo agradecí y coloqué las dos para que no se me enfadase el hombre. Me despedí de todos, purgué el gascolator unos segundos y despegué hacia el siguiente destino.

 

 

Cabe decir que el paisaje de la parte sur de Polonia es muy verde pero más salvaje que el Norte de Alemania. Se asimila a algunas partes de Francia pero más despoblado. Una visión particular desde el aire es que todos los pueblos tienen en las afueras grupos de huertas donde cada familia trabaja la propia para autoconsumo.

 

 

En sólo una hora de vuelo llegué a Watorowo (EPWT), y es un campo que merece la pena conocer. Tienen una pista de hierba, pero unas instalaciones que, sin ser grandes, tienen una calidad que no conocí en todo el viaje. Escuela de Piloto privado, VFR e IFR, simulador con cabina y tres pantallas gigantes, sala de socios y residencia para visitantes a todo lujo, taller JAR… y una hospitalidad fuera de lugar. Según estacioné el aparato en el parking bajó de la torre el Sr. Lech y me preguntó mis intenciones. Le comenté que quería hacer una parada corta y me convenció para que me quedase, comiese allí y conociese las instalaciones. Me pidieron un pizza, el secretario la fue a buscar al pueblo y me llevaron a la sala de socios a almorzar. Al fin y al cabo era la primera vez que aterrizaba allí un autogiro y yo creo que hasta les daba un poco de compasión el palizón de viaje que estaba haciendo. Aproveché y les encargué repostar el aparato, limpiarlo para quitarle los kilos de insectos asesinados por el camino y así llegar flamante a Lituania.

 

Autogiro

Con el Sr. Lech, en Watorowo.

 

Mientras se aprobaba el plan de vuelo para Lituania, todos los del aeródromo se hicieron fotos junto al autogiro y con gran agradecimiento hacia ellos continué el viaje. La zona Norte de Polonia se asemeja a la de Alemania. Lagos, pueblecitos y verde, todo muy cuidado. A la hora y media de viaje miré a la derecha y un ultraligero ala alta de aluminio volaba paralelo a mí. Alabeamos mutuamente para saludarnos y nos sacamos fotos. Después de un par de minutos volando juntos me despedí, bajé unos metros pasando por delante de él y retomé el rumbo. En principio planeaba llegar al destino en Lituania sin parar, pero iba a ser difícil. La digestión de la pizza de Watorowo, dolor en la espalda, cansancio acumulado… decidí parar un rato en Suwalki, junto a la frontera con Lituania. Pregunté primero al controlador de Olsztyn Información si era inconveniente respecto al plan de vuelo y me comentó que no había problema. Aterricé, y después de saludar a unos parapentistas y a los técnicos del helicóptero sanitario basado allí me tumbé un rato en el césped para relajar la espalda.

 

Aventura autogiro

Suwalki

 

Más fotos con los de el lugar para el recuerdo, y … ¡arriba otra vez!. Esta vez sólo quedaba una etapa y el cansancio desapareció. Notifiqué al controlador en BOKSU, el punto en la frontera y al par de minutos pude divisar todas las instalaciones de control de fronteras en la carretera al Este de mi posición. Aunque nunca tuve dudas de que iba a llegar a Lituania, no dejaba de ser sorprendente el estar ahí. El paisaje durante los primeros 100 km dejaba de tener tantos prados y verde como en Polonia. En cambio había muchísimas extensiones de bosque. Hace unos años se dictó una ley que prohibe talar un sólo árbol en el país.

 

Aventura autogiro

Frontera Polonia Lituania

 

En el camino al Rojunai pude ver dos aeródromos militares abandonados… ¡con la falta que hacen en otros sitios! Con una escala de 10 km en el GPS ya estaba en pantalla el aeródromo de Aurimas, Rojunai EYRO. Comuniqué al controlador que tenía toma asegurada y pasé a la frecuencia de Rojunai, recibiendo instrucciones para aproximar tráfico derecha, pista 27. Iba tan concentrado en las referencias cercanas del GPS que cuando miré fuera tenía la pista justo debajo. Entré en el circuito y aterricé directamente. Allí estaban esperándome Áurimas, Irma, Siguitas (el controlador del campo), Javi y Luis, de España, etc. Cuando salí del autogiro agradecí el contacto con la tierra. Cuando te enfocas algo como este viaje, en parte te inmunizas contra adversidades. Pero cuando todo termina, notas el tute que te has metido. Dicen que “sarna con gusto no pica”, y es verdad. Después de un rato ahí estaba yo, tirado en la hierba mirando el especial atardecer en esas latitudes y recordando detalles de estos 5 días de viaje, esperando la llegada del equipo acrobático español desde Polonia.

 

 

Autogiro

Llegada a Rojunai, Lituania

La verdadera aventura de este viaje ha sido el volar hacia sitios desconocidos, con gente desconocida y condiciones desconocidas a 1000 pies sobre el terreno o inferior y con una visión total, sin ventanas, sintiendo y oliendo el aire de las zonas por las que vuelas. Mucha gente ve el reto en volar en una mini-aeronave con rotor. Yo no lo veo así. Los autogiros son muy seguros en general. Particularmente el ELA 07S con el que hice este vuelo combina comodidad, seguridad, potencia, estabilidad y lo mejor de estas maravillosas máquinas para volar tranquilo y disfrutar de esta forma de flotar en el aire. Simplemente hay que estar preparado respecto al pilotaje, tener experiencia y mala idea respecto a las condiciones meteorológicas, para no verte atrapado en condiciones no visuales como cualquier aeronave limitada a VFR y tener grabada a fuego en la mente la famosa frase “Es mejor estar en tierra deseando volar, que volar y desear estar en tierra”.

 

 

 

Dedico este viaje a Vytas, que tan enamorado estaba de los autogiros, a Aurimas, a Irma “Eye in the sky”, a toda la gente que me ayudó en los aeródromos que visité, a Emilio López Alemany por su perseverancia y llegar a fabricar autogiros como el que volé de Córdoba a Lituania…, a Antonio Ruata por enseñarme a volarlos y a mi madre Elisa por los disgustos que se lleva con estas cosas que hace su hijo.

 

 

 

Datos técnicos:

 

Autogiro: ELA 07S. Peso 245 Kg. Rotax 914 115CV. Rotor Carbono-Aluminio 8,24 metros. Depósito auxiliar de 35 litros. Autonomía 600 km.

Distancia recorrida: 3354 km

Tiempo total: 28,1 horas

Paradas realizadas: 14

Etapa más larga: Le chateau-Breitscheid.  3:25 horas

Máxima velocidad: 168 km/h

Altura máxima: 1664 metros ASL. (Pirineo Navarro)

Combustible consumido: 504 litros (95 SP y AVGAS)

Chocolatinas energéticas: 27

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